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Cómo tomar buenas decisiones

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La vida es una constante elección de lo que más nos conviene. A veces con un tin-marín se resuelve. Otras, se necesitan varios cafés con amigos  o blogs terapéuticos para vislumbrar por dónde. Desde que nacemos se van presentando las bifurcaciones. Cada mañana elegimos el par de zapatos adecuado, la dieta correcta, el camino más corto para llegar a donde vamos, etc. Después la pareja, la carrera, el número de hijos, el divorcio y así, hasta el último día de nuestra existencia. No hay manera de evitarlo.

¿Porqué cuesta tanto trabajo decir quiero esto y no esto otro?

Porque cada elección tiene una consecuencia y no existen recetas de cocina para que todo salga bien. En ese punto es donde la mayoría sentimos el pequeño nudo en el estómago  llamado miedo. Las dudas aparecen por temor a no acertar, temor a equivocarnos, temor a arrepentirnos, temor a dejar ir lo que podría haber sido aquel sueño que tanto deseamos pero por falta de visión se esfumo.  En el momento que echamos esa moneda al aire para emprender una acción en lugar de otra nos estamos jugando el futuro.

No hay nada escrito, ni seguro cuando emprendemos un sendero. Sin embargo, la mayoría, aún sin saberlo tomamos decisiones en base a todo menos a lo que en el fondo de nuestro corazón queremos. El camino del corazón del que Carlos Castaneda habla es el más complicado de seguir.  ¿Porqué? Porque para saber lo que queremos primero hay que saber de qué estamos hechos, qué nos mueve, qué nos molesta, qué nos prende la pila, qué nos la apaga, qué necesitamos en el fondo, no sólo en la superficie. Qué necesidad es verdaderamente nuestra y cuál heredada. A quién estamos pretendiendo complacer cuándo elegimos o a quién estamos siendo leales aunque no nos convenga. Acabar siendo infelices cuando se nos concede lo que tanto deseamos es el resultado de escoger con base en otros en lugar de hacerlo por nosotros mismos.

Cuando tengamos que decidir entre una opción u otra, escribir es una buena herramienta. Poner las dos alternativas en un  papel,  luego hacer una lista con nuestras necesidades para explorar si eso que tenemos enfrente lo cumple, antes de meternos en camisa de once varas.  Ver cuál de las dos ofertas tiene lo que necesitamos. Entonces podemos decidir.  Ponerlo por escrito puede ser el mapa que  nos diga hacia dónde caminar, puede ser la herramienta que nos aclare nuestro panorama interno. Al final ninguna elección nos garantiza el éxito, pero quedarnos pasmados sin tomar decisiones tampoco.

Tu amiga la microbiota intestinal

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No te sientas sola, La microbiota intestinal te acompaña 24 horas al día. Está compuesta por aproximadamente 100 trillones de microorganismos que viven principalmente en el tubo digestivo (también en la piel y en todas las mucosas). 

Tenemos 10 veces más bacterias en el cuerpo que células. Necesitarías 2 canchas de tenis para almacenarlos. Estos diminutos seres son buenos y amigables, nos ayudan a crecer, a la función del sistema inmune y a los procesos para nutrirnos. La alteración en la microbiota se llaman disbiosis y puede causar dificultad para bajar de peso, trastornos digestivos, inflamación abdominal, gases, asma, obesidad, hígado graso no alcohólico, enfermedad celíaca, síndrome de intestino irritable, depresión y otras enfermedades autoinmunes . Digamos que los humanos estamos gobernados por ellos. 

¿Por qué se enferma la microbiota? 

Ella igual que nosotros necesita estar bien alimentada y bien tratada para funcionar. El exceso de antibióticos la mata, el consumo de productos procesados, azúcar refinada, grasas saturadas, poca fibra y estrés los desbalancea 

¿Cómo curarla? 

Dándole de comer como si fueran tus hijos, con alimentos saludables, ricos en fibra como frutas, verduras de preferencia crudas, cereales como panes integrales, y tortillas. Consumiendo probióticos como yogurt o alimentos fermentados. También puedes tomar cápsulas de sinuberase o pearls para un tratamiento más específico en caso de disbiosis (microbiota desbalanceada) . Y desde luego disminuyendo el estrés.  Así que ya sabes, cuando te sientas solo acuérdate que hay 100 billones de bichitos  acompañándote. 

Tu GPS emocional para encontrar el rumbo

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De cuando en cuando a varios nos ha tocado pasar por tornados de vida que nos han dejado completamente perdidos, sin saber dónde estamos parados, ni tampoco hacia dónde caminar, con destrozos en el alma, enfermedades, pérdidas financieras, o en medio de un divorcio donde el contrincante se llevó hasta la cartera y con ella nuestra identidad. 

Tornado, aguacero o depresión. Es muy probable que en algún punto de nuestra existencia (y después de haberlo tenido casi todo) tengamos otra vez que volver a empezar. No es fácil.

Por eso para estas “catástrofes” deberíamos diseñar nuestro propio GPS.Un GPS que nos ayude a encontrarnos, que nos dé la ubicación actual en el mapa de la vida y nos diga por dónde deberíamos avanzar para llegar lo más completos y lo menos magullados posible a nuestro destino, así dejaríamos de circular sin rumbo fijo y nos libraríamos de acabar atrapados en uno de tantos laberintos  (como suele suceder).Un buen GPS debe tener corazón  y estar compuesto por propósitos vitales y rutas modificables. Y, tal cual lo hacen estos “aparatejos” con voz de baturro sabio cuando cambian la ruta “debido a las condiciones del tránsito”, así deberíamos funcionar también nosotros. Si fuéramos más “modificables” seríamos seguramente más felices.También lo seríamos si nos dejáramos guiar más por nuestro propio GPS mental y emocional de cómo y hacia dónde caminar, de cuando echar reversa, o acelerar, de dónde es un buen lugar para descansar cuando no podemos más. Estoy segura que en la pantalla de su nuestra mente se moverían las coordenadas y el rumbo para volver a empezar, para dejar ir la vida que hasta ese día tuvimos planeada y tomar la que en ese instante nos volvieron a entregar.1 vista

No es hambre, es la grelina

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Sabías que el hipotálamo junto con la grelina y la leptina (hormonas) son los que controlan tu hambre o la saciedad.  Ellas envían la señal para  empezar a comer, en qué cantidad y cuando parar.  LA LEPTINA  produce saciedad al inhibir unas neuronas llamadas, NPY.  

Sin embargo un alto porcentaje de personas con obesidad tienen un mal funcionamiento de la leptina (resistencia a la leptina) lo cual provoca hambre constante, incapacidad para seguir una dieta o comer menos.  LA GRELINA  es la hormona "contraria" a la leptina,. Esta produce hambre, al estimular la actividad de las neuronas NPY. La leptina funciona como un freno a la grelina. 

Por lo tanto cuando el funcionamiento de alguna de estas hormonas está alterado se puede perder el apetito o comer en exceso. Hoy se siguen haciendo estudios para saber que es primero si el huevo o la gallina: la obesidad hace fallar la leptina? o la resistencia a la leptina produce la obesidad al aumentar el hambre?

Te perdono o no te perdono

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Todos tenemos en la vida un pequeño cajón de momentos oscuros donde guardar rencores, ajustes de cuentas imaginarios y uno que otro resentimiento. Difícilmente uno llega a la edad adulta sin haber tropezado con ese tipo de piedras sin engancharse.

Repasar la ofensa en contra de nuestra honorable persona mientras durante días, meses , o años enteros puede convertirse en una adicción morbosa. De eso viven los terapeutas, de desatorar gente que se quedó atrapada  en los males pasados convirtiéndolos en su presente. ¿La causa?  un ex amor, un ex jefe, una ex amistad o un ex familiar. Nada nos librará de ese mal mientras no aceptemos perdonar.

Hay quienes pasan la hoja de una manera sencilla siguiendo con su vida, pero a otros nos cuesta soltar la dosis de rencorcillos con la fantasía de una gran venganza. Andamos buscando justicia en los frascos equivocados. Mi amigo Javier por ejemplo dice que perdonar sin haber tomado revancha no es lo suyo:

—En lo personal he optado en esos casos por el camino retorcido del resentimiento eterno y, cuando se ha presentado la ocasión, hago ajuste de cuentas, con su consabida mentada de madre o, si es posible, su rayón de carrocería, o puñetazo en la cara. ¡Ah eso sí que me ha liberado!—

Pero al final perdonar es una cuestión de elección sin importar el tamaño de la ofensa. Y aunque perdonar no significa querer a quien te hizo daño de vuelta en tu vida, hay que hacerlo porque el resentimiento es igual a tomar veneno esperando que le haga daño al otro. Perdonar cuesta pero siempre es liberador.

Sobre todo porque en el perdón otorgado a otros esta la mitad del perdón que necesitamos darnos a nosotros mismos para cerrar el ciclo. Porque en la mayoría de los casos los agravios se dan en complicidad de quien los recibe por permitir  al otro traspasar nuestras fronteras. ¿Para qué aceptar lo que más tarde vamos a reclamar?

Perdonar nos da la oportunidad de entender  porqué y cómo bajamos nuestras defensas. Perdonar es el alfiler para desinflar el ego lastimado, el resentimiento guardado, es lo que hace que aquello que tanto dolió empiece a desdibujarse, dejando de ser tan importante.

Perdonar te permite ser cada día,  más feliz. Cuesta trabajo pero depende de ti

Conoce los niveles normales de glucosa

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Si  checaste tus niveles de glucosa ya sea con glucómetro o en un laboratorio y no sabes lo que significan tus resultados esta tabla te puede ayudar para conocer si estas en rangos normales o si es aconsejable darte una vuelta con el médico. En caso de que estés en rango de pre-diabetes  perder de un 5 a 10% de tu peso (en caso de sobrepeso u obesidad) en un lapso de 3 a 6 meses ayudará. Conviértete en un devorador de verduras aumentando tu consumo a  5-7 porciones diarias, 2-3  de frutas, poca proteína animal o baja en grasa, disminuyendo o eliminando los productos procesados o chatarra altos en sal y azúcar como dulces, papitas, embutidos, etc., junto con 30 minutos diarios de actividad física mínimo. Estas recomendaciones pueden revertir la pre-diabetes o mantenerla a raya por años sin evolucionar a diabetes tipo 2. Si tus resultados son de diabetes y no lo sabías ve al médico para que realmente pueda confirmar o no el diagnóstico. Las pruebas de glucosa en población sana se deben empezar a partir de los 20 cada 3 años, igual que en adolescentes con sobre peso y obesidad. Pero si tienes factores de riesgo como padres diabéticos, sobrepeso, obesidad,  y sedentarismo debes checarla cada año y ponerte las pilas para cambiar tu estilo de vida por uno más saludable.0 vistas